BienestarBlogEl desarrollo de un niño de 0 a 6 años

septiembre 6, 2019by Fernanda Sarzosa
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Nace un niño y comienza un ciclo hermoso de vida y alegría en un hogar. Los padres se dedican a ambientar, días antes, la habitación y toda la casa, compran vestidos y alimentos para bebés. Los juguetes, las manoplas, los pañales, los “rasca encías”, los móviles, los biberones y las chupas están en la prioridad...

Nace un niño y comienza un ciclo hermoso de vida y alegría en un hogar.

Los padres se dedican a ambientar, días antes, la habitación y toda la casa, compran vestidos y alimentos para bebés. Los juguetes, las manoplas, los pañales, los “rasca encías”, los móviles, los biberones y las chupas están en la prioridad absoluta de las necesidades familiares.

Todo eso está bien. Excelente…

Pero muchos olvidan algo sumamente importante en la vida de este niño: Sus cerebros. Más específicamente, el manual de uso de los cerebros del bebé que ahora ocupa privilegiadamente las atenciones de mamá, papá, hermanos, vecinos, padrinos, tíos y abuelos.

Algunos dirán “¡Es que ese manual de uso de los cerebros de un bebé no existe!”. Otros pensarán que no es necesario, pues bastan la tradición, youtube y los consejos que llueven en tempestad permanente, gracias a la caravana de gente que suele acompañar a un hogar durante los días iniciales de la vida de un niño.

Empecemos por aclarar que un manual, serio y científico como tal, realmente no existe. Hay guías, revistas, trabajos de investigación de muchas universidades, monografías, libros, ensayos e infinidad de publicaciones que aproximan, al que busca, al mundo apasionante de los CEREBROS DE UN NIÑO. Algunos muy bien fundamentados y otros con visos especulativos que más vale no tenerlos en cuenta.

Hemos dicho “cerebros” y hasta lo hemos colocado en mayúsculas. Si, CEREBROS.

Y por aquí puede comenzar la indagación o la elaboración de un buen manual de uso relacionado con las características, conceptos, funciones, cuidados y desarrollos de los cerebros de un niño.

La Neurociencia viene haciendo extraordinarios aportes en ese sentido.

Al nacer un niño el foco debe centrarse en su Cerebro Básico o Reptil. Cubrir sus necesidades fisiológicas elementales, mantenerlo limpio, fresco, hidratado y bien alimentado. Facilitar espacios para sus primeros movimientos.

Es vital para la incipiente Neocorteza, de un niño de cero hasta los dos años, la leche materna o, en caso de una madre que no pueda suministrarla, la de vaca maternizada o la de cabra maternizada. Hasta los dos años la Mielina (una finísima membrana que recubre a la Neocorteza) se construye casi exclusivamente a base de la proteína que suministra la leche materna o de vaca/cabra maternizada.

Lo anterior incide, entre otras cosas, en los controles que ejercerá la Neocorteza, a partir de los dos años aproximadamente, sobre los esfínteres.

Un niño de cero a seis años requiere especiales consideraciones con relación a su desarrollo socioemocional. Una vez más está el Cerebro Básico demandando particulares atenciones por lo que respecta a lo social, añadiéndose ahora el espectro emocional que se genera en su Sistema Límbico.

Acción y movimiento, cobertura de necesidades fisiológicas, habilidades sociales a través del juego, cumplimiento de hábitos y rutinas y establecimiento de límites útiles (para “entrenar al Reptil) deben acompañarse con el afecto para crear un ser humano sano desde el punto de vista emocional.

En el cerebro de las emociones (Límbico) el foco debe ir dirigido a las sensaciones, estímulos y experiencias que tienen que ver  esencialmente con el gusto y el olfato. También con todo aquello que tiene que ver con el placer, sobre todo del placer que tiene su génesis en actividades como jugar, dramatizar y cantar.

¿Y para cuándo las primeras letras? 

¿Y será que no le piensan mandar tarea para la casa a ese muchacho? ¿Cuándo va a aprender historia y matemática? ¡Puro jugar! ¡Puro cantar! ¡Allí lo que está es perdiendo el tiempo! Se escuchan estas terribles expresiones de ignorancia supina en muchos padres y hasta en muchos “educadores” que siguen a la vieja usanza de la educación de hace más de cien años,  estropeando cerebros y retrasando culturalmente a los niños de América Latina.

Un educador de hoy en día, un papá o una mamá de hoy en día, tiene que saber que la Neurociencia está dando pasos agigantados en nuevas formas súper eficaces y sanas de desarrollar los cerebros de los niños. Que han surgido nuevos métodos y nuevos modelos de comprobada eficiencia para desarrollar aprendizajes acelerados, aprendizajes con alegría, asertividad, pensamiento crítico y creativo, inteligencia intuitiva, liderazgo y acciones ecológicas, tomando en cuenta a todos los cerebros con los que nacemos dotados desde el primer día de nuestras existencias.

Si la gran mayoría de ciudadanos en nuestras latitudes supieran las maravillas que se están logrando con música especialmente diseñada para estimular la Glándula Pineal. Si conocieran los efectos terapéuticos de la Lámpara Fosfénica que se está utilizando recientemente en Francia para modificar conductas agresivas. Si tuvieran la mínima noción de cómo se están gestando cambios radicales muy favorables en la gestión empresarial gracias a técnicas propias de la Neuroeducación, la Neurocomunicación y el Neuroliderazgo.

Cuando la gran mayoría ciudadana de América Latina comprenda que con los niños hay que tomarse muy en serio el tema de sus cerebros, y obrar en consecuencia, comenzaremos a trabajar con fundamento y rigurosidad en los desarrollos no sólo de los niños de cero a seis años sino de toda la sociedad.

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